Cuando escuchamos “no”, estamos en buena compañía

Vitral que representa a Santa Mónica y a su hijo, San Agustín, en la iglesia de San Agustín en Washington, D.C. (Foto de OSV News/Elizabeth Bachmann)

Mañana celebramos la fiesta de Santa Mónica, a quien recordamos por su perseverancia ante la obstinada resistencia de su hijo. Ella es una de tantas mujeres de la Comunión de los Santos que se mantuvieron firmes ante repetidos noes.

A veces —como en el caso de Santa Mónica, cuyas súplicas a su hijo Agustín para que se convirtiera al cristianismo quedaron sin respuesta durante años, o de Santa Tecla, cuya familia intentó que la ejecutaran por eludir su compromiso matrimonial para seguir a San Pablo—los noes han venido de la familia. 

A veces, los noes han venido de consejeros espirituales y superiores. Los intentos de Santa Teresa de Ávila por reformar la orden de las Carmelitas encontraron una resistencia rotunda dentro de su propia orden. La comunidad y los confesores de Santa Margarita María Alacoque descartaron durante años sus visiones del Sagrado Corazón como delirios.

Y a veces, los noes han venido de las autoridades eclesiásticas. Santa María MacKillop fue excomulgada por un tiempo por un obispo de Australia del Sur en 1871 por la forma en que se gobernaba su congregación. Un obispo local prohibió la celebración de la Eucaristía durante un tiempo en el monasterio de Santa Hildegarda de Bingen después de que ella permitiera el entierro en el lugar de un hombre que había sido excomulgado, pero de quien ella insistía que se había reconciliado con la Iglesia antes de morir.

Y aunque este otoño tenemos más de 52 Foros de Santa Febe increíbles en comunidades de todo el país, también nos hemos topado con resistencia y algunos noes en el camino. 

Quizá sea esa mujer que acaba de tomar la valiente decisión de abrirse con su director espiritual o con su diácono sobre su persistente sensación de llamado al diaconado —esa que ha tratado de ignorar, pero que no la deja en paz— para que luego le digan que debe estar malinterpretando a Dios. 

Tal vez sea la líder de un grupo de mujeres de la parroquia que recibe la noticia de que no se les permite organizar un evento educativo sobre los avances en el Sínodo respecto al tema del liderazgo de las mujeres en la Iglesia, porque esos asuntos deben discutirse a nivel del Vaticano y no en la parroquia.

O el feligrés al que le dijeron que no podía organizar un servicio de oración en honor a Santa Febe en la parroquia porque “el tema de las diáconas está cerrado”. (No lo está.) O que sí podía, pero solo si no mencionaba a Santa Febe, ni al Sínodo, ni a los diáconos.

O la ministra católica a quien le negaron el acceso al centro de detención donde esperaba visitar a los presos porque no estaba ordenada.

Hace poco volví a leer las palabras de Joanna Arellano-González, cofundadora y Directora de Capacitación y Formación del Coalition for Spiritual and Public Leadershipcon sede en Chicago, durante su discurso de apertura en la Asamblea de Esperanza de Discerning Deacons de mayo de 2026:

Prepárate para escuchar todos los noes del mundo. Hay mucha gente que no quiere ver a las mujeres en puestos de liderazgo en la iglesia… Ante todos los noes que vas a escuchar en el futuro, afiánzate en el legado de las poderosas líderes cristianas y diáconas que te precedieron. Ellas están intercediendo por ti. Dejen que los noes los envalentonen y los motiven… Construyan relaciones, preparen el terreno, mantengan la esperanza ante los noes y comprométanse con el trabajo lento y constante de hacer realidad esta visión.

Hace unos años mi colega Casey Stanton escribió sobre contemplar a las santas en lo alto de la columnata que rodea la Plaza de San Pedro en el Vaticano, dejándonos abrazar por estas santas que, con tanta frecuencia, se adelantaron a la Iglesia en sus vidas. Recuerdo haber estado ahí yo misma, contemplando a Santa Tecla, Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena, Santa Olimpia la Diácona, Santa Clara de Asís… tantas mujeres cuya esperanza y confianza en Dios fueron más fuertes que los noes de quienes se les oponían, tanto dentro como fuera de la Iglesia. 

En este trabajo de conectar a los católicos con el discernimiento activo de la Iglesia sobre las mujeres y el diaconado, hay muchos síes llenos de gracia. Pero en los días en que los noes parecen acumularse, me recuerdo a mí misma que ningún cambio institucional significativo ha ocurrido jamás sin resistencia. No somos las primeras a quienes les dicen “no”; formamos parte de un orgulloso linaje de mujeres en la Iglesia cuya esperanza y fe han superado los noes que han escuchado.

Y cuando nos digan “no” —porque inevitablemente nos lo dirán—, tenemos la opción de elegir cómo responder.

Podemos dejar que los noes nos lleven a la reflexión o a la curiosidad, acercándonos más a la relación en lugar de cerrarnos. 

Podemos darnos permiso para sentir todas nuestras emociones mientras resistimos la tentación de hacer de la desesperación nuestro hogar, ese tentador soldado del statu quo.

Podemos mantenernos creativas y flexibles, encontrando caminos que nos permitan caminar juntas hacia un mayor entendimiento. 

Podemos negarnos a dejar que esto nos convierta en enemigos o que reduzca este discernimiento activo a un debate para ganar o a una discusión en la que hay que vencer a un oponente. 

Podemos mantenernos firmes en nuestra dignidad bautismal, y cuando la puerta parezca cerrarse, podemos encontrar una ventana abierta en otro lado. 

Y cuando las puertas se abran —porque se abrirán—, podemos dejarlas abiertas para quienes nos sigan.

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“This work is essential for challenging the status quo, deeply exploring the Church’s history of the female diaconate, and courageously asking important questions. I also believe that the inclusion of women’s voices and experiences will increase emotional, mental, and physical safety for other women in church spaces.”
Krista Varney
Domestic Violence Advocate, Grand Prairie, TX
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“I know that women are being called by the Holy Spirit and women are living diakonia in creative, ordinary ways today. Now, as a mother of a toddler girl, I want to discern with the Church on how to make way for her to discern her own future calling, should the Spirit call her.”
Ana López
Spiritual Director and Theology Teacher, Los Angeles, CA
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“If women were able to serve as deacons, it would magnify the grace and love of God and make it more widely available.”
Judith Oberhauser
Retired Chaplain, St. Paul/Minneapolis, MN

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