10 Things to Celebrate about the Study Group 5 Report

En el Informe Final del Grupo de Estudio 5, se presenta a Dorothy Day, nacida en Nueva York, como una mujer cuyos pensamientos, obras y compromiso con los pobres no han quedado eclipsados por el paso del tiempo, lo que la convierte en una mujer católica influyente en la historia de la Iglesia. Imagen de Dorothy Day y la Sagrada Familia de las Calles, de Kelly Latimore.

"Lo que viene del Espíritu Santo no puede detenerse."

Wow.

Las palabras fueron publicadas en el Documento Final del Sínodo en octubre de 2024, encajadas entre las afirmaciones "no hay nada que impida que las mujeres desempeñen funciones de liderazgo en la Iglesia" y "también sigue abierta la cuestión del acceso de las mujeres al ministerio diaconal y es necesario proseguir con el discernimiento a este respecto" (n. 60). Fue algo poderoso ver ese Párrafo 60 ahí, en la página, aprobado por al menos dos tercios de los 368 miembros con derecho a voto del Sínodo, el 74% de los cuales eran obispos. Apenas podía creerlo cuando, un mes después, el Papa Francisco decidió adoptar el Documento Final en su totalidad —incluido el Párrafo 60— en su magisterio ordinario..

Por primera vez que yo recuerdo, me sentí vista como mujer en un documento magisterial oficial. No de manera perfecta, ni definitiva, ni de una forma que sugiriera que el trabajo estaba hecho. Pero esa seguridad —de que lo que viene del Espíritu Santo no puede detenerse— parecía ser el Espíritu Santo mismo saliendo de la página y diciéndome: “Te veo, te escucho, te creo. Esta Iglesia es tu hogar; estamos en este camino juntos. A menudo no será fácil; a menudo nos encontraremos con obstáculos. Pero te prometo: valdrá la pena.”

La semana pasada, cuando me desperté con un mensaje de texto de mi colega de la Costa Este diciéndome que el Informe Final del Grupo de Estudio 5 ya se había publicado, si te soy sincera, me preparé para lo peor. ¡Tengo esperanza en nuestra Iglesia!... pero también soy realista, y era una moneda al aire si este informe se percibiría principalmente como una oportunidad o como un obstáculo. 

Pero cuando empecé a leerlo, fue como si el Espíritu Santo estuviera leyendo por encima de mi hombro, diciendo: “¿Ves lo que hice aquí? ¿Ves lo que hicimos?”.

Amigos míos, este informe —esta hoja de ruta para la implementación del párrafo 60— no es perfecto, y no lo abarca todo. Lo máximo que aborda sobre las mujeres diáconos es repetir la conclusión del papa Francisco de que la cuestión “aún no parecía suficientemente madura” (§1.4.b). Sin embargo, en la cuestión de las mujeres diáconos, lo que el informe no dice puede ser tan significativo como lo que dice. Más sobre eso a continuación.

El Informe Final del Grupo de Estudio 5, “La participación de las mujeres en la vida y la dirección de la Iglesia” , no sugiere que nuestro trabajo haya terminado.

Pero, amigas y amigos, este informe está lleno de oportunidades que vale la pena celebrar.

Y a eso quiero dedicar el resto de este artículo. A continuación, he destacado diez cosas que en Discerning Deacons estamos celebrando del Informe Final del Grupo de Estudio 5. Espero que ustedes también puedan sentir al Espíritu Santo acompañándonos mientras trabajamos para hacer realidad una Iglesia donde los dones de todos, sin importar el género, sean bienvenidos y celebrados.

La subordinación de la mujer es una consecuencia del pecado. Punto.

El documento afirma sin reservas que “la sumisión y la condición de inferioridad de la mujer no pueden derivar sino del pecado” (§2.16). Reconoce que “el elemento que, más que otros, ha influido en establecer la brecha entre hombres y mujeres en la Iglesia es el hecho de que el género masculino... ha sido propuesto como modelo de referencia para la comprensión de la humanidad en su integridad”, y cómo “una mentalidad semejante conduce a la instauración de un sistema que hace difícil que las mujeres expresen las competencias adquiridas y los carismas que portan” (§2.4).

2. Las mujeres no se pueden reducir a la maternidad, la ternura y el cuidado.

El documento hace un llamado a “superar una visión limitada a algunas características, como la maternidad, la ternura o el cuidado, que deje poco espacio a otras cualidades femeninas igualmente relevantes, como las dotes de liderazgo y de consejo, las capacidades de enseñanza, de escucha o de discernimiento”. Señala cómo ciertos enfoques teológicos que, por ejemplo, reducen a María a su maternidad y corren el riesgo de "basar la participación de las mujeres en esquemas ideológicos y culturales que la sociedad les atribuye," y nos anima a destacar, junto a la maternidad de María, "su papel de testigo, de mujer reflexiva e interrogante, plenamente inmersa en las alegrías y dolores de su pueblo, y el hecho de que... con toda probabilidad, María fue un punto de referencia para la primera comunidad cristiana reunida en oración después de la Ascensión" (§2.17).

3. El informe es fruto de haber escuchado a las mujeres.

Señala que la constatación de "cuánto queda aún por hacer en la promoción de la vocación de las mujeres en la Iglesia... ha suscitado un malestar específico en muchas mujeres" que se manifiesta en el abandono de la Iglesia por parte de las mujeres, en su desvinculación de una participación significativa en la Iglesia y en "la petición cada vez más fuerte... de revisar las formas actualmente vigentes de la guía de la Iglesia para hacerlas más accesibles a las mujeres". Enumera la naturaleza de estos llamamientos con una franqueza sorprendente: "la cuestión del acceso al sacramento del Orden, la posibilidad de instituir nuevos ministerios con características específicas para el servicio del pueblo de Dios, la oportunidad de predicar la homilía durante las celebraciones comunitarias y, por último, el delicado tema relativo a la especificidad de la gestión de una comunidad o de determinadas oficinas diocesanas por parte de mujeres debidamente formadas" (§2.3).

4. ...y afirma que continuar escuchando a las mujeres no solo es necesario, sino urgente —incluso cuando resulte incómodo.

Vale la pena citar el párrafo completo: "Una reflexión sobre el papel de las mujeres en la Iglesia es necesaria y urgente para el pleno reconocimiento de la identidad de la Iglesia. Por lo tanto, ante un mundo tan complejo como el actual, la primera actitud que hay que asumir es la de la escucha de las mujeres, antes de cualquier decisión o toma de posición. Esto permite que la reflexión no se limite a un plano abstracto, sino que tenga en cuenta la diversidad de vida, de formación y de cultura de las mujeres en las distintas partes del mundo" (§2.11). Reconoce que la Iglesia debe hacer frente a sus propios fracasos institucionales con valentía, en lugar de a la defensiva, y que debe comprometerse con las experiencias reales de las mujeres: La teología y el Magisterio son, por tanto, llamados a implicarse activamente en la historia concreta de las personas. Es necesario evitar la tentación de dar respuestas prefabricadas y ofrecer, en cambio, una palabra que tenga en cuenta los problemas reales y que sea compartida y fruto de una búsqueda común" (§2.18).

5. Los obispos deben “tomar en consideración” todas las vías actualmente disponibles para el liderazgo y el ministerio de las mujeres.

En los Estados Unidos, esto incluiría la implementación de los ministerios instituidos de lectora, acólita y catequista para las mujeres. Esto también abriría caminos para que las mujeres prediquen en ciertos contextos. "Es importante aquí subrayar", señala el documento, "que no hay nada, en el solo hecho de ser mujer, que impida asumir roles de guía en la Iglesia" (§2.22).

6. La comunidad tiene un papel indispensable en la promoción de los dones para la misión.

El documento se centra en gran medida en el ministerio derivado de los carismas —los dones que el Espíritu distribuye libremente entre los bautizados, independientemente del nombramiento eclesial— y afirma que el discernimiento de los carismas por parte del obispo "no es una decisión solitaria", sino que "debe involucrar también a la comunidad". Los criterios para reconocer un carisma —una necesidad genuina de la comunidad y una competencia demostrada— son ambos observables por la comunidad, no tienen contenido de género y de ninguna manera excluyen a las mujeres (§2.26).

7. Se le ha pedido a las Órdenes Sagradas que asuman más de lo que pueden soportar teológica o pastoralmente.

El documento sostiene que la autoridad ordenada se fundamenta propiamente en la responsabilidad de la consagración eucarística, y que otras funciones de gobierno se han ido asociando a la ordenación con el tiempo sin pertenecerle realmente por necesidad teológica. El documento dice claramente: "Redefinir estos ámbitos de competencia podría abrir el camino al reconocimiento de nuevos espacios de responsabilidad para las mujeres en la Iglesia" (§2.21).

8. El propio argumento teológico del documento no se aplica al diaconado.

El documento fundamenta la autoridad ordenada en la presidencia de la Eucaristía, en el acto de consagración que pertenece propiamente al sacerdote (§2.21). Pero el ministerio ordenado del diaconado se fundamenta teológicamente, no en la administración del sacramento de la Eucaristía, sino en el ministerio de servicio de la Palabra, la liturgia y la caridad. Por lo tanto, el propio marco del documento no tiene nada restrictivo que decir sobre la ordenación diaconal. Se necesitaría un argumento diferente para excluir a las mujeres del diaconado. Este documento no lo presenta.

9. …y no repite los argumentos teológicos de la Comisión Petrocchi con respecto al diaconado.

Aparentemente, a la Segunda comisión de estudio sobre el diaconado femenino (la “Comisión Petrocchi”) se le encomendó abordar la cuestión del acceso de las mujeres al diaconado, mientras que el Grupo de Estudio 5 se ocuparía de las cuestiones de los ministerios que no requieren ordenación. Si bien la Comisión Petrocchi no recomendó en última instancia la ordenación de mujeres como diáconas, la única conclusión de esa comisión que este informe repite es su voto casi unánime a favor de “ampliar el acceso de las mujeres a los ministerios instituidos... o de instituir nuevos” (§2.32). Tampoco repite los argumentos teológicos que la Comisión Petrocchi ofreció en contra de la ordenación de mujeres como diáconas, muchos de los cuales están en tensión con los enfoques teológicos y las conclusiones presentadas en el Informe Final del Grupo de Estudio 5.

10. Los carismas que identifica en las mujeres son carismas diaconales.

El documento describe un conjunto de dones que, según afirma, están “particularmente desarrollados” en las mujeres: abrir puertas, acoger sin condiciones, acompañar a los heridos, crear espacios libres de discriminación (§2.32). Esto se lee como una descripción del ministerio diaconal y puede fomentar una mayor conciencia de quienes, en medio de nosotros, animan la diaconía bautismal de todo el pueblo de Dios.

Este informe sienta las bases fundamentales para la fase de implementación del Sínodo. Es un manual para convertirnos en una Iglesia que aplique el párrafo 60 y defienda la dignidad igualitaria de nuestra pertenencia bautismal compartida. 

A medida que se desarrolle la implementación, sabemos que el proceso no será uniforme; avanzará a trompicones; encontraremos resistencia. Podemos animarnos sabiendo que la brújula permanece constante: Jesús vino para que tengamos vida. El objetivo, entonces, es el florecimiento de las mujeres en la Iglesia, en aras de la misión del Evangelio en el mundo. 

Esta no será una implementación espontánea. Se necesitará parresía para nombrar los obstáculos, y persistencia para superarlos y crear una cultura donde los dones de las mujeres para el liderazgo y el ministerio sean bienvenidos y acogidos. Requiere nuestro protagonismo, nuestras oraciones y nuestra fe en que lo que viene del Espíritu Santo no puede detenerse.

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Ser testigos
“If women were able to serve as deacons, it would magnify the grace and love of God and make it more widely available.”
Judith Oberhauser
Retired Chaplain, St. Paul/Minneapolis, MN
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Ser testigos
“I was not raised Catholic but converted in my adult life. As a child, Mother Mary would appear to me often…I believe Mary appearing to me as a child who knew nothing about the Catholic Church was more than her wanting me to find Christ through the Church. I believe she came to me because I was meant to do more for the Church.”
Christina Kovar
Adult Faith Formation Leader, Chicago, IL
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Ser testigos
“I felt seen in my call to pastoral care, to teaching, to preaching—just as clearly as my ordained colleagues are seen in theirs. I felt valued. Not invisible. Not dismissed. I don’t know what the future holds—for me, or for the role of women in the Church. But I know this: I have hope.”
Jolaine M.J. Liupakka, PMin
Coordinator of Middle School & Confirmation, St. Thomas Becket, Eagan, MN

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