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Testigo
Hna. Círia Mees, C.D.P.
April 21, 2021

Era una mañana cálida y el sol entraba con su luminosidad por las ventanas de la pequeña Capilla San José, en la Comunidad San José de Lago, cerca de Riberalta, sede del Vicariato Apostolico de Pando, en la Amazonía boliviana. La capilla estaba llena con la familia de doña Peregrina y más ocho niños y niñas que recibirán el bautismo. Ella a sus 65 años sería bautizada. Todos sus hijos y nietos ya fueron bautizados, pero ella de niña vivió en el monte y no tuvo la oportunidad de ir al colegio, ni de recibir el Santo Sacramento. Su deseo siempre era de acercarse a la mesa de la Eucaristía. El bautismo era el primer paso. Recuerdo mi voz emocionada, mientras decía: “Peregrina. Yo en nombre de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, te bautizo”. Fue un acto de fe para ella y para mí, como mujeres que queremos ser vistas y reconocidas. pilgrim], in the name of God the Father, God the Son and God the Holy Spirit, I baptize you.” As women who want to be seen and recognized, it was an act of faith for her and for me.

Mi nombre es Círia. Déjenme que les cuente cómo llegué a este lugar. Luego de servir por 28 años a los enfermos de mi país Brasil y ser Secretaria Ejecutiva de la Conferencia de Religiosos de Brasil, en la región de Paraná, una mañana del final del año 2012 mis superioras me invitaron a trasladarme a la Amazonía boliviana, para ser impulso humano en la misión. ¿Impulso humano?, me pregunté tantas veces estos años, mientras sanaba a los niños y madres indígenas y campesinos en las embarcaciones regina Coeli, Santa Maria y Guadalupe. Solo Dios sabe lo que me costó descubrir su significado e implicación.

Vengo de una familia de agricultores en Santa Catarina, sur de Brasil y tengo seis hermanas mujeres y cuatro hermanos varones. ¡Somos tantos que completamos un equipo de fútbol! Me formé en la Congregación de las Hermanas de las Divina Providencia, y me consagré en el año 1996. Ese mismo año me licencié en Enfermería y Obstetricia. Mis dos pilares en la vida son servir a Dios y cuidar de los enfermos.

Llegué a Bolivia, pero mi corazón aún seguía en Brasil. El entonces Obispo del Vicariato de Pando, Norte de Bolivia, Monseñor Luis Casey, escuchó mi deseo de trabajar con el pueblo indígena Xavantes en Mato Grosso, Brasil, y con mucho entusiasmo me dijo, “tenemos un trabajo parecido aquí” y me integre al Instituto Pastoral Rural (IPR). ¡Cuánta sabiduría en las santas palabras: ve y construye el Reino de Dios allí donde vivas!

Cuando me uní al Instituto, había dos sacerdotes y cuatro laicos. Hoy, ya no contamos con sacerdotes, y por eso el 2016 quedé responsable del Instituto. De 2016 al 2018 servimos a 300 comunidades indígenas y campesinas, algunas tan lejos como 600 kilómetros de distancia por río. Después de 2018 la extensión geográfica un poco menor. Un por medio de 164 comunidades. Recuerdo que en 2015 fue el año en el cual administré el primer bautismo, seguido de muchos otros, con la autorización del obispo. En estos años celebré mas 670 bautizos. Preparamos 574 personas para la Primera Comunión y 402 sacramentos de Confirmación. Incluso oficié dos matrimonios.

Este servicio exige mucho esfuerzo, estudio, escucha, silencio y total entrega y confianza en Dios. Dios me capacitaba y Él me eligió para sanar a los enfermos y realizar trabajo pastoral de evangelización, mientras iba aprendiendo una nueva lengua, cultura, hábitos y costumbres. Las mujeres son la vida de las comunidades rurales, como doña Peregrina. Son ellas las que día tras día mantienen viva la vida de la familia y la educación cristiana. Todavía la sumisión al hombre es muy fuerte. El clericalismo y el machismo imperan todavía. Por ser mujer, religiosa, extranjera, he sufrido mucho. Fue un tiempo de reconstrucción y construcción muy desafiante para mi, que continúa hoy. machismo still prevail. As a woman, a religious and a foreigner, I have suffered a lot. It has been a very challenging time for me to revisit my understanding and assumptions, which continues today.

Viajamos de dos en dos para estar con las comunidades. En época de lluvia vamos en nuestra barca que la llamamos Guadalupe, nuestra parroquia flotante de 12 metros por 4. Nuestros viajes duran de 10 días a un mes, gozando la creación de Dios y pasando por innumerables peligros. Guadalupe. Our trips last from 10 days to a month, enjoying God’s creation and passing through countless dangers.

Hoy, mientras navego en el río Beni hacia la próxima comunidad, recuerdo las palabras de las superioras hace ya ocho años: ser impulso humano. Les aseguro, Dios camina con quien se pone en camino. Él indica la dirección y capacita a quien elige. Por eso, Peregrina se preparó con inmensa alegría para su bautizo y yo me preparé para oficiar el Sacramento con inmensa responsabilidad, para que todos sus pecados sean perdonados, para vivir un momento de fe luego de casi una vida de participar y esperar ser reconocida. La Providencia Divina pasó por sus manos y las mías, por las manos de mujeres creyentes.

La Hna. Círia Mees, Hermana de la Divina Providencia, nació en Santa Catarina, en el sur de Brasil, y actualmente se desempeña como directora del Instituto de Pastoral Rural en el Vicariato Apostólico de Pando, Bolivia, en el territorio amazónico. 

This story is edited, updated and translated from the original Spanish, with the permission of Núcleo Mujer of the Pan-Amazonian Ecclesial Network.

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Women need to share their spiritual gifts with others as deacons, serving those who are currently unserved, reaching towards the fullness of the expression of our faith.
Jill Caldwell
Parish and diocesan volunteer in Helena, Montana
Endosador
Many women I know are competent Catholic ministers, discern a call, and deserve to be empowered by our institution and fully recognized in our communities. It would dignify our Church to recognize this reality.
Deacon Dennis T. Duffell
Regional Coordinator of Pax Christi Northwest in Seattle, Washington
Somos testigos
“I dream of a Church that receives and empowers the gifts that the Holy Spirit has given to each member. Ordaining women to the diaconate is one important way to recognize and strengthen the diaconal ministry that is already exercised by Catholic women everywhere.”
Luke Hansen
Campus minister and teacher, San Francisco, California

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