Hoy mi difunto padre hubiera cumplido 87 años. A Manuel Jorge Hidalgo le encantaba ser católico, en gran parte porque le encantaba la solidaridad de la Iglesia con los pobres, la visión de las Bienaventuranzas de Jesús y las causas de la paz. Cuando estaba en la universidad en Cuba, estudió la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, y su primer regalo a la mujer que se convertiría en mi madre fue un libro escrito por P. Lombardi titulado “Por Un Mundo Nuevo.”
Falleció en 2023, un par de años antes de la elección del papa León XIV. Mi papá se habría maravillado ante la elección del primer papa estadounidense. Se hubiera juntado al llamado constante del Santo Padre a los católicos y a las personas de buena voluntad de todo el mundo para que recen por la paz. “La oración nos educa para actuar. Las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a las infinitas posibilidades de Dios” dijo el Papa León XIII durante su vigilia de oración por la paz del sábado. "Unamos, entonces, las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes que hoy creen en la paz, que hoy eligen la paz, que curan las heridas y reparan los daños causados por la locura de la guerra.”
El Santo Padre nos advirtió que rechazar la lógica de la guerra puede acarrear el desprecio. Esta semana hemos sido testigos de cómo nuestro presidente de los Estados Unidos se burlaba del Papa por defender los valores del Evangelio. Pero seguimos firmes en que la Resurrección que profesamos nos llama a ser personas de vida. Nos alienta que el presidente de los obispos de EE. UU., el arzobispo Paul S. Coakley, nombró las palabras del president como desalentadoras y reafirmó que el papa León es “el Vicario de Cristo, que habla desde la verdad del Evangelio y por el bien de las almas.”
Es esta valentía de hablar desde la verdad del Evangelio lo que nos impulsó a iniciar el trabajo de Discerning Deacons en 2021 – ¡el 29 de abril cumplimos cinco años! En los primeros tiempos, mi padre asistía regularmente a nuestra oración mensual de Santa Febe por una Iglesia sinodal. Le maravillaba ver al Papa Francisco animar un creciente interés por una Iglesia sinodal que escucha, en la que los católicos se esfuerzan por aprender las formas del encuentro, la escucha, el diálogo y el discernimiento.
Se maravilló al ver mujeres reunir el valor para expresar en voz alta la vocación que sentían en el corazón de servir como diáconas, buscando dar respuesta a las urgentes necesidades pastorales de nuestro tiempo.
Durante la pandemia, vivimos en un hogar multigeneracional, junto con tres de sus nietas (mis sobrinas). A mi papá le encantaba ver la esperanza que DD generaba en mis sobrinas: la esperanza de que algún día las mujeres pudieran predicar desde nuestros púlpitos católicos. Con los años, he conocido a otros padres y abuelos atraídos por el trabajo de Discerning Deacons, porque les importa que sus hijas y nietas encuentren un lugar al que pertenecer en esta Iglesia.
Esta semana también destacamos el valiente discurso del cardenal Jean-Claude Hollerich, de Luxemburgo, quien recientemente fue entrevistado por Vatican News sobre la necesidad de que la Iglesia aborde el tema del acceso de las mujeres al ministerio ordenado como diáconas. Afirmó que “Es muy importante que las mujeres se sientan bienvenidas en la Iglesia, no solo para llenar los bancos, sino para participar plenamente en la vida y la misión de la Iglesia.”
Una futura decisión de incluir a las mujeres en el diaconado ordenado requiere un amplio consenso eclesial, afirmó el cardenal, quien, como Relator General del Sínodo, guía la dirección teológica y práctica del Sínodo sobre la sinodalidad. El Cardenal Hollerich añadió: “Puedo percibir que muchas de las jóvenes de nuestra comunidad están tristes porque sienten que la Iglesia no las reconoce plenamente.” Concluyó diciendo que esto “me entristece como pastor.”
Tengo la esperanza de que, en una Iglesia que escucha, se oiga la tristeza de nuestras niñas y jóvenes. Podemos seguir orando para que los lamentos y las esperanzas de nuestros jóvenes sean tomados en cuenta durante esta fase de implementación del Sínodo.
Un mundo nuevo es posible.